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Envejecemiento, ¿un proceso inevitable?

Desde el día que nacemos empezamos a envejecer. Nadie escapa al envejecimiento, es un proceso común a todos los seres vivos por el cual se producen una serie de cambios que implican una reducción en nuestra capacidad de respuesta a estímulos internos y externos y cambios de apariencia física.

Sin embargo, hay distintos tipos y calidades de envejecimiento y muchos factores que lo provocan o aceleran que podemos evitar y/o atenuar, modificando el ritmo de este proceso de cambio en nuestro cuerpo.

Cada individuo y a su vez cada órgano dentro de cada individuo tiene su propio patrón de envejecimiento. En el caso de la piel la variación es todavía mayor ya que presenta manifestaciones de envejecimiento diversas según ubicación (rostro, brazos, cuello o cuerpo) y según exposición a agentes nocivos externos e internos.

 

Los primeros signos surgen en torno a los 30-40 años y a grandes rasgos podemos hablar de tres tipos de envejecimiento:

1- Envejecimiento cronológico o fisiológico, envejecimiento generado por el paso del tiempo, modulado por los factores hereditarios y los “relojes biológicos” diferentes para cada especie y cada individuo, aunque se comparten ciclos/etapas comunes (niñez, adolescencia, adultez y ancianidad) con particularidades propias de cada una.

2- Foto envejecimiento, envejecimiento generado por exposición crónica a agentes nocivos (radiación solar, contaminación, vientos). Las zonas corporales normalmente expuestas a los efectos de los rayos ultravioleta (UV) solares envejecen más rápidamente que las zonas no expuestas.

La radiación solar resulta particularmente nociva ya que estimula la formación de radicales libres que dañan células y tejidos y la producción en el organismo de grandes cantidades de enzimas llamadas metaloproteinasas. La función normal de estas enzimas es la de remodelar el tejido dañado por el sol al sintetizar y reformar el colágeno, pero que producidas en grandes cantidades terminan degradando el colágeno. Como resultado se obtiene una formación irregular (matriz) de fibras de colágeno desorganizadas llamada cicatriz solar. La reiteración de este proceso de reconstrucción imperfecta de la piel una y otra vez da lugar a la formación de arrugas y textura rugosa.

La contaminación ambiental constituida por partículas sólidas en suspensión, humos, etc., resulta claramente perjudicial para la piel ya que estas sustancias agresivas se depositan sobre la capa córnea a lo largo del día y acaban penetrando a través de la epidermis. Como resultado, el manto hidrolipídico se ve alterado y vulnerable a una mayor evaporación de agua y la consiguiente deshidratación de la piel y pierde su rol protector facilitando la penetración de patógenos y otras sustancias nocivas.

3- Envejecimiento de “estilo de vida”

-Envejecimiento producido por alimentación inadecuada (excedida en grasas saturadas, azúcares) que estresan internamente de nuestro organismo.

-Envejecimiento estimulado/acelerado por estilo de vida laboral u de otro tipo de actividad que genera estrés y la segregación de sustancias y procesos dañinos para nuestro organismo. Ej. La liberación de noradrenalina conlleva una vasoconstricción que reduce la circulación sanguínea y, como consecuencia, baja el nivel de oxigenación y del aporte de nutrientes a la piel. El estrés también aumenta la producción de radicales libres y puede alterar los valores hormonales, que acabarán afectando negativamente al estado y aspecto de la piel.

 

-Además de sus efectos nocivos a nivel pulmonar, el tábaco en exceso afecta visiblemente la piel con una mayor tendencia a desarrollar arrugas y cáncer cutáneo. De hecho, se puede observar que fumadores importantes a los 40 años presentan más arrugas faciales que los no fumadores a los 60. Los fumadores tienen una piel más fina (en algunos casos de hasta el 40%), arrugas más graves, y cabello más encanecido.

Envejecimiento generado por exceso de sedentarismo: atrofia lenta de músculos, articulaciones, contracción de músculos, rigidez.

Gravedad. El efecto de la gravedad, más notorio en párpados, cejas y cuello, los movimientos faciales al gesticular en forma permanente (líneas del entrecejo y patas de gallo) y los pliegues del sueño (especialmente en pómulos y área de escote) producidos por la almohada también inciden en la formación de arrugas más o menos pronunciadas.

 

Todos estos factores extrínsecos e intrínsecos generan una serie de transforma-ciones internas que se manifiestan de diferente manera en nuestro cuerpo.

A nivel celular

Las células se dividen más lentamente, disminuye su vida media, su funcionalidad (menor síntesis de proteínas, generación de energía) y baja su capacidad de respuesta a los estímulos externos.

 

A nivel epidérmico

 

 


La capa lipídica reduce su contenido lipídico y de factores de hidratación natural y el estrato córneo se engrosa alterándose la función barrera y disminuye la capacidad de retención hídrica.

 

Por otro lado, se produce un aplanamiento de la unión dermo-epidérmica y se reduce la superficie de intercambio de los capilares que proporcionan oxígeno y nutrientes a los queratinocitos y melanocitos. Esta disminución en la microcirculación afecta el tono y color cutáneos que dependen fundamentalmente del contenido en melanina y de la concentración de hemoglobina presente en los vasos sanguíneos ya que al incidir la luz sobre la piel absorbe el color de la hemoglobina y la superficie cutánea refleja este color que se percibe por transparencia. Cuando la circulación es óptima y dinámica, se percibe el tono rosado que proporciona un aspecto saludable; en cambio, si la microcirculación es menos eficaz, el color rojizo asoma en menor medida y la piel presenta un aspecto lívido y cetrino.

 

La luminosidad, por otra parte, implica cierta dosis de resplandor que depende del estado de la superficie de la piel. Una capa córnea rugosa, deshidratada o engrosada, dificulta la reflexión luminosa y la superficie de la piel adquiere un aspecto mate y apagado. Por el contrario, cuanto más lisa y regular es la superficie cutánea, mejor se reflejan los rayos luminosos en todas las direcciones del espacio y la piel adquiere un aspecto radiante, resplandeciente.

 

A nivel dérmico

 



 

A nivel dérmico la red de fibras de colágeno y elastina que mantiene la función de andamiaje de las capas superficiales pierde consistencia y elasticidad, con una menor síntesis de cantidad y calidad de fibras y GAGS (glucosaminoglicanos). Como consecuencia de estos procesos se produce una reducción de su grosor, una menor retención de agua y un aumento de su vulnerabilidad a golpes y presiones : al presionarla la piel no vuelve a su posición inicial, sino que se hunde y forma surcos. También aumenta su vulnerabilidad frente a golpes y al efecto de la gravedad que estimula una mayor flaccidez y pérdida de tonicidad y un enlentecimiento de la cicatrización de heridas.

 

La manifestación externa de estas transformaciones se caracteriza por la presencia de:

  •  Piel áspera y reseca
  • Textura rugosa y poros dilatados
  • Arrugas y líneas finas
  • Formación de hiperpigmentaciones
  • Coloración opaca y/o cetrina
  • Flaccidez y pérdida de elasticidad y tono

Este cúmulo de cambios pueden ejercer un profundo impacto sobre la autoestima y nuestro estado de ánimo. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el concepto de envejecimiento ha evolucionado.

Hoy en día la idea de una piel joven va aparejada a la de una piel sana y armónica y por lo tanto no se limita solo a la presencia o no de arrugas, sino que engloba otras características como la textura, tonicidad, tono y luminosidad, lo cual amplía nuestras posibilidades de cuidado y mejora hacía un futuro que incluye a la belleza y la salud en todas las edades y etapas de la vida.

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